América los últimos años se mantuvo como un equipo discreto, atrás habían quedado los torneos en los que algo hacía el equipo para sorprender, el último momento mediático del cuadro había sido la contratación de Miguel Herrera como técnico, pero por lo sorpresiva que fue.

Atrás habían quedado los años de las grandes contrataciones, de estar en el foco de los medios de comunicación por hacer algo diferente a todos los equipos del futbol mexicano, el América había perdido la grandeza.

Pero, ante el crecimiento de los equipos del norte del país y el hecho de que Chivas haya ganado ya un campeonato de Liga y ellos no hayan apuntado en la final, pegaron fuerte en el orgullo americanista y esta temporada lo demuestra.

Sin ninguna necesidad de realizar algún fichaje bomba o estrella, el cuadro de las Águilas fue al futbol de Turquía a conseguirse a su propio Gignac, aunque más feo y con menos talento, al contratar a Jérémy Ménez, si eso no era suficiente fueron por uno de los mejores sudamericanos con proyección al contratar a Andrés Ibargüen.

Y ahí no para la cosa, día a día las Águilas tienen un nuevo rumor en las planillas de los periódicos, en las cuentas de Twitter… El mercado chino, ir por un nuevo extranjero, romper el mercado con un jugador veterano de Holanda, es como si un niño estuviera contratando jugando FIFA 18.

Y de alguna manera eso es lo que pasa con este equipo y esta directiva, el América ha regresado a ser el niño caprichoso que quiere tener el mejor juguete, el más nuevo, sin importar lo que tenga que hacer para lograrlo.

Esa necesidad de atención ha llevado a que jugadores como Jackson Martínez, Demba Ba, Luuk de Jong, Lucas Pratto y otros más sean rumorados a llegar al equipo, por más posible e imposible que esto parezca. Y el futbol vuelve a revivir en la Liga Mx, el sol vuelve a salir para los diarios deportivos que parecen más de espectáculos, para los “analistas deportivos” que apenas y de futbol saben.

América no ha dejado de ser ese niño bulleado con necesidad de atención, solo había olvidado lo feliz que era al serlo.