“No, no somos un equipo grande. Discúlpame, pero jugando así demostramos que no somos un equipo grande”, dijo Paco Jémez en el Estadio Universitario tras caer ante Lobos BUAP, palabras que calaron hondo en la afición del cuadro cruzazulino, pero solo por una sola cosa, por ser verdad.

La verdad siempre duele y a Cruz Azul le ha costado creerse esa realidad, esa que le sigue creando ilusiones, expectativas, cuando en realidad son un equipo chico, uno más de esta Liga Mx y uno de los peores al no poder conseguir el título.

Quedar campeón en esta liga se ha vuelto fácil, entrar a la liguilla mucho más, solo porque la memoria es corta, pero ha estas instancias hasta equipo como Tecos, ahora en tercera división, podía aspirar a conseguir la liguilla, y de los últimos ascendidos, solo Dorados no ha podido conseguirlo, inclusive Lobos BUAP se quedó cerca de lograrlo.

Festejar la liguilla fue el primer acierto de la afición cruzazulina, fue aceptar la mediocridad en la que viven, una donde a lo máximo que pueden aspirar es la liguilla, a pesar de tener un plantel más que complemento y que muchos envidian y desearían tener.

El problema viene por todos lados, una directiva muy influenciada por promotores, directivos pecho frío incapaces de tomar decisiones arriesgadas, jugadores viejos y que se han contaminado del paso del equipo y que no se atreven a salir de le institución por comodidad, y una afición que ha aprendido a vivir en el fracaso y ha no pedir más de lo que se les ofrece.

Cruz Azul tiene todos los síntomas de equipo chico, uno que confió de buena manera en un técnico extranjero, aunque este no hubiera conseguido nada en su carrera y su mayor logro haya sido hacerle partido al Real Madrid.

Las soluciones en un problema tan agudo parecen escasas, un cambio de realidad ha sido necesario en este cuadro desde hace varios años y lo mejor es que ya den los pasos rumbo a ese cambio, sino los fracasos seguirán llegando y Cruz Azul quedará poco a poco en el olvido.