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La selección mexicana de futbol dio un paso más rumbo a las semifinales de la Copa Confederaciones, tras vencer 2-1 a Nueva Zelanda, en un partido de muchas realidades, respuestas y verdades sobre lo que es el cuadro mexicano.

Muchas veces esperamos mucho del equipo mexicano, pero olvidamos que tenemos una selección históricamente irregular y que solo es capaz de mostrar verdadero talento ante equipos de mayor categoría, despreciando a aquellos contra los que se dice ser mejor.

Ante Nueva Zelanda tuvimos un nuevo ejemplo de que Juan Carlos Osorio sigue sin entender al futbolista mexicano y su poco compromiso cuando se cree mejor.

El primer tiempo fue uno de los peores en todo el transcurso del paso de Osorio en la selección, casi al nivel de aquel 7-0 ante Chile, con la diferencia de que ahora enfrentaron a un equipo sin tanta definición.

La selección mostró una cara impresentable, de poca calidad y con jugadores que tienen nivel y siguen sin despertar en este tipo de competiciones. Después de llegar abajo 0-1 al segundo tiempo, el Tri despertó y supo darle la vuelta al marcador, teniendo también problemas en el camino, pero ganando.

Las rotaciones son buenas, que nadie se engañe, las selecciones las aplican, más en torneos de poca duración, pero el futbolista mexicano no sirve para este modelo de juego, no tiene compromiso y es inestable como pocos.

El verdadero triunfador de este duelo fue la afición, quienes se comportaron a la altura y supieron no lanzar de nueva cuenta el grito homofóbico que tanto molesta, a pesar de que el partido tuvo todos los integrantes para molestar a cualquiera.