Lobos BUAP enfrenta su segunda final en su historia dentro del circuito del Ascenso Mx, la primera desde aquel Clausura 2012, en la que cayó ante el increíble León de Darío Burbano y Eisner Loboa que los borró por completo de la cancha del Nou Camp, ahora Estadio León.

Las circunstancias ahora son diferentes, el futbol ha cambiado y el equipo licántropo vive de una emoción diferente, igualmente impulsada por la necesidad de obtener un triunfo, pero condimentada por la etiqueta de fracaso que pesa sobre todos los que conforman el equipo.

Quien iba a pensar en el triunfo de un director técnico que solo hablaba de futbol, pero nunca había demostrado nada, o de un jugador que ha huido a las oportunidades en la Liga Mx, o de uno que fue rechazado de los Gallos Blancos o de otros que provienen de una cantera que no daba señales de un cambio generacional.

Es ahí donde está la mayor fuerza del equipo y lo que no deben perder si desean competir en esta final de Ascenso, el hambre de ganar puede llevar a cualquiera muy lejos, a pesar de que en todas las series han lucido como los menos favorecidos.

El juego ofensivo y de propuesta que ofrece Lobos, combinado con el buen momento de Diego Jiménez, Amaury Escoto y el arquero José Canales han traído a esta franquicia a una final y de ellos depende que puedan soñar con mayores cosas.

En el caso de su rival, los Bravos de Juárez la cosa es diferentes, es un equipo hecho para disputar estos partidos, cuyo objetivo es ganar el campeonato, lo demás es fracaso y en la forma en qué vea a Lobos BUAP podrá definir si tiene lo necesario para llevarse el partido o ser también sorprendido por los licántropos.

Una final que pinta para ser explosiva, esperemos y los nervios no consuman a ninguno de los dos equipos.