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El Deporte, una de las expresiones humanas donde el esfuerzo y el trabajo son recompensados, donde los fracasos y la derrota son mayores, pero, donde sobre todo, siempre hay una nueva oportunidad.

Este dos de noviembre, no fue un día cualquiera en la historia del deporte, en dos países, en dos escenarios, en dos canchas distintas, dos equipos rompían sus paradigmas y sus propios demonios para alzarse con la gloria, uno por primera vez en su historia y otro después de 108 años de no hacerlo.

Veamos primero a los Gallos de Querétaro, de nueva cuenta en una final, como lo hicieran por primera vez en su historia en el Clausura 2015. Ahora, en la Copa Mx, Querétaro enfrentaba a unas inspiradas Chivas de Guadalajara, considerado fuerte candidato al campeonato y llegado a esta fase tras eliminar a su odio rival América.

El partido sería fuerte entre los dos, de pelea y estudio que sería contra corriente para Gallos tras la expulsión de Andrés Renteria al minuto 70.  Las cosas se complicaban, pero no todo estaría perdido, el destino elegiría a Tiago Volpi para convertirlo en la gran estrella del encuentro, teniendo una gran actuación en el tiempo regular, en los penales detendría dos y anotaría uno para la victoria por 4-2.

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65 años de historia de Gallos y 30 años después de la construcción del Estadio Corregidora, la afición queretana pudo ver a su equipo coronarse.

Por su parte, los Cachorros de Chicago han sido sinónimo de maldición, ya sea por una cabra, por un gato negro o por interrupciones de un aficionado, el título de la Serie Mundial se les negó por 108 años, después de ganarlo de manera consecutiva en 1907 y 1908.

En su serie ante los Indios de Cleveland, llegaban al último y séptimo juego. Chicago inició ganando con su primer bateador, para la octava entrada la ventaja ya era de tres carreras con el 6-3 en el marcador, pero Cleveland pegaba de nuevo y con rally de tres empataba las cosas.

Los extra innings eran inevitables, una lluvia ligera daba un respiro a la presión. Después de unos minutos de suspensión las acciones regresaban, solo para ver a Ben Zobrist convertirse en la estrella al anotar la carrera del despegue y terminar con más de un siglo de derrotas y terminar con la victoria 8-7 y la Serie Mundial de nueva cuenta a su lado.

Dos historias, dos deportes, dos maldiciones, dos equipos y un día de gloria que jamás olvidaran.

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